domingo, 28 de noviembre de 2010

El Cuervo y su carcajada

Miranda, Álvaro (2009). La risa del Cuervo. Caracas, Fundación Editorial el Perro y la Rana, 137 pp.
Hace algún tiempo, leí un texto acerca de la decapitación en la guillotina durante la Revolución Francesa. Entre los detalles acerca de tan macabro suceso, recuerdo de una manera visual la insinuación del hecho que –una vez caída la cabeza- era mostrada a la multitud que morbosamente miraba el hecho. Se insinuaba que era posible ver, en algunas ocasiones, el rostro de la víctima mirar y hacer gestos. Tal imagen me insinuó uno de las posibilidades que mayor horror he tenido: la probabilidad que en ese momento, atroz por demás, el occiso tenga un breve momento de conciencia antes de morir.
Esta idea conmovedora resurgió cuando encontré La sonrisa del Cuervo, una novela corta escrita por el Álvaro Miranda. Me sorprendió leer en su presentación que el personaje considerado no era más que José Félix Rivas, el héroe patriota venezolano de la batalla de La Victoria, recordado cada año por la conmemoración del Día de la Juventud. Lo novedoso del tratamiento de la historia está en su carácter fantástico: el relato da cuenta de sucesos después de su muerte, un Rivas que sigue consciente aún después de su infame sanción.
La leí y la sorpresa no puede ser mayor: además del relato de Rivas, también aparecen personajes como Alejandro de Humbolt, Manuelita Saenz, incluso José de San Martín y David Curtis DeForest. Sin embargo, el personaje que los atraviesa a todos es el cuervo, tanto de aparición individual o en grupo. Como se sabe, el Cuervo es visto –en la literatura romántica, marcada por la obra de Edgar Allan Poe- el mensajero de lo trascendentalidad oscura, inmanente y presente en la angustia de la existencia. Inevitable pero que está allí.  
Esta novela corta es una verdadera curiosidad: el autor, Álvaro Miranda, nació en Santa Marta, Colombia, en 1945. Es verdad que la reseña biográfica en el libro lo presenta como poeta y novelista, cuya obra ha sido traducida al inglés, ruso y catalán, además de premiada en múltiples ocasiones. Sin embargo, no dice detalles que –desde mi punto de vista- ayudan a comprender mejor su esfuerzo: Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de la Salle, también es un historiador interesado en el Caribe como ámbito y esencia. Sería interesante preguntarle cómo fue que un historiador colombiano –con una notoria profundidad- ha sido capaz de captar la esencia de personas que, incluso para un venezolano interesado en la temática, han pasado desapercibidos.
Definitivamente, tan cerca pero al mismo tiempo tan lejos: primera vez que oigo sobre Miranda y su obra. Una lectura rápida en Internet señala que en mayo de este año estuvo en el país en ocasión del 7mo Festival Mundial de Poesía. Curiosamente, dijo lo contrario a lo que yo dije palabras atrás: las literaturas colombiana y venezolana están tan cerca. En verdad me gustaría que fuese verdad.
No sé si ésta es una obra posmoderna, tal como lo señala Alexander Stefanelli, investigador de la Universidad de Florida. Aunque miro con sospecha las recreaciones literarias de los hechos históricos, invito a los lectores del presente texto a la posibilidad de acercarse a esta obra. Es, además de conmovedora, una lectura fantástica que marca la posibilidad de aprendizajes sensibles y reinterpretaciones acerca del momento germinal de nuestra independencia. En caso de ser posible, acompañaría esta lectura con la película «Taita Boves» de Luis Alberto Lamata.

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