Hoy se ha presentado en el Edificio rectoral de la Universidad del Zulia [LUZ] lo que –desde mi punto de vista- ha sido un verdadero tesoro: la nueva colección «Biblioteca de Autores Zulianos», editado por el Consejo de Publicaciones de LUZ. Es un tesoro por dos motivos. Por un lado, implica la recopilación de verdaderas joyas de la literatura zuliana, inaccesibles para los más jóvenes. Por el otro, saca del olvido a aquellos que han venido construyendo la historia intelectual de la región. La primera razón tiene que ver con la democratización de la producción cultural, hacerla accesible para que aquellos que quieran aprovecharla puedan tener disposición a ella. La segunda razón es de justicia: dar a conocer a aquellos que han caído en algo peor que el anonimato: la omisión.
La colección está constituida por la selección de textos de doce autores, acompañadas por un prólogo escrito por especialistas en el área. De Rafael María Baralt, Reyber Parra seleccionó una antología de textos políticos. El famoso cuento de Jesús Enrique Lossada, “La Máquina de la Felicidad”, sirve para titular un conjunto de relatos cortos del rector eterno, figura representativa del intelectual zuliano del siglo XX, escogidos por Mario Morales. Udón Pérez y Emiliano Hernández, figuras literarias fundamentales de inicios del siglo pasado, fueron antologados por el maestro Camilo Balza Donatti. También hay selecciones poéticas de José Ramón Yépez, María Calcaño, Eduardo Mathyas Lossada, Ismael Urdaneta, Marcial Hernández, Elías Sánchez Rubio, Ely Saúl Rodríguez, y Olga Luzardo, compilaciones introducidas, respectivamente, por Guillermo Yépez Boscán, Esmirna Párraga, Rafael Molina Vílchez, Edixon Morales, Jesús Ángel Parra, Claudio García Soto, Ebrahim Faría, e Ileana Morales. Tal esfuerzo, grandioso por demás, implica reconstruir buena parte de la memoria literaria zuliana, archivada e inaccesible muchas veces.
Aunque los nombres de algunos de estos autores pueden ser conocidos por un público más o menos enterado, en términos generales, están cargados de representaciones totalmente aisladas de su obra [p.e. Udón Pérez, Jesús E. Lossada, María Calcaño] Estos textos no deben ser vistos sólo como compilaciones literarias. Son verdaderos documentos históricos: representan una vida –asociada con otros hombres- y una época, donde los procesos sociales e intelectuales ayudaron a construir el presente. Un ejemplo emblemático es Olga Luzardo, poetisa zuliana que también fue una activa militante comunista y organizadora social. Ella es un verdadero ejemplo de lo que es el olvido: es la única que aún vive, sumida en una existencia anónima.
Esta colección es una tarea pendiente del mundo artístico, cultural y educativo zuliano. Es increíble cómo puede ser que en nuestro estado no se hubiese podido establecer un programa estable de difusión y rescate de nuestros valores intelectuales. Dos casos son emblemáticos: la persistencia tenaz y aguerrida de la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses y la Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, proyectos de los estados Táchira y Miranda respectivamente. Invito a la Universidad a que esta Biblioteca no se quede sólo en estos doce volúmenes, que en los próximos años sea posible ver la continuación de nuevas selecciones.
Todo esto es una noble batalla contra la desmemoria y la omisión. Sería –tal como señaló el Prof. Ángel Madriz, director del Consejo de Publicaciones- darle nombre al pasado. Mis más sinceras felicitaciones a la Universidad del Zulia en este esfuerzo.